viernes, 3 de abril de 2009
Pag. 75 $ Horizonte de sucesos
Amanece. Tsu...tsu...tsu. Neblina sobre el monte negro. Arriba, nubes altas estratosféricas. Frío helado. Escarcha. Salen y llegan automóviles de otras realidades, de otros horizontes de sucesos. Un gato blanco observa inmóvil la vía desde el monolito de hormigón. Otro gato blanco con cola gris y negra camina junto al muro de ladrillo rojo, se detiene y sacude su cabecita a ambos lados como si le molestara o desaprobara algo.
A las nueve sale el sol. Trina un jilguero. Transparencias autoadhesivas de rapaces negras adornan los paneles de separación entre la carretera y el arcén. Cuatro corazones azules con bordes negros pintados sobre cuatro paneles consecutivos expresan dureza americana...tristeza anglosajona. Suena entrecortada la sirena de una ambulancia.
Suenan sobre la vía ritmos musicales de platillos óseos, metálicos. Atardece.
jueves, 2 de abril de 2009
Pag. 74 $ Pórticos metálicos
Amanece. Neblina semitransparente. Nubes blancas y grises derivan hacia el Sureste. Ennegrecen las tejas de arcilla cóncavas, acanaladas, de los caseríos. Hoy, sociables, alborotadores, los gorriones pían temprano en el laurel. Se oye un claxon. Un gato negro ibérico, estático, dormita junto al muro de ladrillo rojo. Silenciosos, cómicos, corretean por la vía de grava, una pareja de estorninos.
Una pequeña circunferencia solar blanca alumbra débil al Sureste. No lejos, en los montes, al Oeste, los edificios de oficinas se transforman en empresas distribuidoras de leche y refrescos amargos. Abajo, en el valle, entre muelles portuarios, se alzan galleteras, fundiciones, talleres y empresas de equipos eléctricos y pórticos metálicos.
Ocupan la vía, quietos, siete gatos y un gato gris y blanco en movimiento. Trina un jilguero. Aúlla dolorido, irracional un perrito de un edificio colindante imitando a gaviotas marinas de frecuencias casi exactas.
Por la tarde, sobre la vía de grava, recostados, los gatos se relamen concienzudamente. Desde el zarzal Este, salta a la vía, recien llegado, un gato blanco y negro dálmata con cola de mapache que retrocede hasta la zapata Sur de la vía, al ser rodeado por una colonia de gatos autóctona, inquisidora.
Cruza la calzada de dirección única, una procesión de coches. Un gato gris y blanco sestea encima de un coche rojo aparcado, con un cojín voluminoso sobre el asiento del piloto. Minutos más tarde, se yergue, desentumece la musculatura y se oculta tras el zarzal.
Atardece.
miércoles, 1 de abril de 2009
Pag. 73 $ Galerna rota
Amanece. Un gato negro ibérico se mueve por la vía. Cielo gris y blanco. Trinos monótonos. Destacan, terrario adentro, tres gatos blancos. Asoma entre el zarzal, el gatito ocicat de hociquito blanco. Se oyen motores de combustión, de inyección y cajas de cambio.
Amarillea la hierba verde sobre superficies de umbría no roturadas. Crecen y brotan hojas granate de árboles plantados por encima de las casitas de cemento. Absorben el espectro de luz solar, nubes de plaquetas grises. Gatos negros ibéricos pasean por una vía gélida, sombría, aciaga.
Por la tarde, sopla un viento fresco, de sirimiri marino, de galerna rota. Se oyen ladridos secos. Flotan a cierta altura del suelo, junto al museo judío, al borde del estuario, globos multicolor con sabores a hospitales, bautizos y geriátricos abandonados.
Espirales de aire elevan a las palomas por encima de los caseríos. Sopla aire de mar.
Atardece.
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